
Retorcido sobre mí.
El cuerpo siento. El agua se desliza.
Es el manantial de tu amor, que en mí se deposita.
Ese agua que se aposenta, se derrama y se olvida.
El agua que pasa, se evapora, y llega como el amor,
Puede que más fuerte al otro día.
Reposo mis labios sobre tu manantial,
noto frescor al besar tu pecho solitario, y,
al mismo tiempo una voz que gime,
unos labios húmedos en mi mejilla.
Un bulto hermoso que se mueve y palpita.
Seno rosado, donde se encuentran mis labios dorados de amor.
Más abajo tu vientre, se contrae.
Siento tu cuerpo, el sudor se desliza.
Paso mis manos, sobre el aire de tu vello.
Te rozo y me arrastro por tu piel.
Se estremece mi pecho.
¡Déjame tu cuerpo¡
Abierta a mi mundo de abrazo.
No hables.
Bebe de este manantial hasta su sequía.


Comparto contigo los mismos pensamientos que en tu manantial de amor y hago lo posible para que a pesar de que haya tiempos de sequia siempre fluya el agua cristalina a borbotones, sin parar, cada vez con más ímpetu, con más delicadeza, con más sensibilidad y asi de esta manera todo el cauce del rio deje a su paso una estela de luceros brillantes.
Un abrazo